¿Adentrémonos en una experiencia lectora diferente?
LITERATURA SIN PALABRAS
Las historias que se cuentan únicamente a través de las imágenes forman los libros silentes, poético nombre para ediciones que se valen de recursos narrativos propios del cine o las artes plásticas. Mediante metáforas visuales y otros códigos gráficos, su relato puede ser tan potente y plagado de sugerencias como el que surge de aquellos que llevan palabras. Se trata, por lo demás, de obras que potencian la imaginación y la creatividad, forman lectores activos y curiosos.

Los libros silentes o álbumes sin palabras entregan una experiencia muy distinta a aquellos que sostienen su historia en texto e ilustración. Estas obras estructuran la narración en base a imágenes y requieren la construcción previa de un aprendizaje de lectura de imágenes para poder vivir una experiencia lectora a cabalidad. Por lo mismo, no son ediciones para los niños y niñas que no saben leer o que no conocen las letras. Su relato no se “inventa” en base a lo que se observa, porque los buenos libros silentes ya tienen una historia que contar. «El cómo se cuenta esa historia a través de las imágenes es lo que hace a un buen libro”, dice Carolina Ojeda, coordinadora de Proyectos de Fundación La Fuente, mediadora de lectura e integrante del Comité de Valoración de Libros Troquel.
Junto a esta especialista en literatura infantil avanzamos en el tema y comenzamos preguntando ¿cómo reciben los niños esa experiencia? Ella nos cuenta que, dependiendo de la experiencia lectora del niño y la niña, y de su cercanía con la lectura de imágenes, la manera de acercarse a este tipo de libros varía: “En general, cuando comprenden el tejido que se construye para contar, cuando comprueban que las imágenes cuentan mucho, que hay detalles que van narrando la historia, que hay ciertos elementos que se van repitiendo a medida que avanzamos las páginas, niños y niñas descubren una nueva forma de acercarse a la literatura y valoran el rol que pueden cumplir las imágenes. En ese sentido, la labor que pueda realizar el o la mediadora de este tipo de libros es fundamental, puesto que debe otorgar el espacio para la lectura de imágenes, incentivar la observación literaria de éstas y promover el seguimiento del hilo narrativo”.

Según sugiere Carolina Ojeda, es fundamental que el acercamiento de los niños y niñas a estos libros se realice siguiendo la historia a través de la lectura de imágenes: “Puede ser con la guía de un mediador o mediadora que vaya conduciendo al lector –sin limitar su lectura propia– al descubrimiento de la historia”.
Ahora bien, una historia bien lograda es la esencia de una buena experiencia con libros silentes. ¿Qué elementos hacen que un relato esté hecho de buena manera sin uso de palabras? Las ilustraciones son la clave: “Un libro sin palabras debe estar construido con imágenes que permitan sumergirse en la historia y donde cada uno de los elementos presentes en las ilustraciones tenga su razón de ser en función de la historia. A pesar de que muchos ilustradores crean lo contrario, hacer un buen libro sin palabras es más difícil que crear un álbum con texto”.


de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng.
Autores como la surcoreana Suzy Lee, han hecho trabajos fascinantes para el disfrute de esta literatura. La Ola, Sombras y Espejo es una trilogía que destaca por su juego de colores e historias que permiten distintas capas de lectura por lo que son bastante transversales en términos de los lectores y lectoras que pueden disfrutarlos. Así lo describe la especialista de Fundación La Fuente, que también sugiere conocer los libros de David Wiesner (Flotante, Sr. Minino, Martes). Menciona que son alucinantes porque construyen historias complejas llenas de humor, misterio, aventuras.
“En el ámbito latinoamericano, el último libro silente que me fascinó fue ¡Ugh! Un relato del Pleistoceno, de la dupla Buitrago – Yockteng. Es una muestra de la importancia que tiene una buena historia para hacer un álbum silente. Jairo Buitrago es escritor (autor de Camino a casa, Eloísa y los bichos, entre muchos otros) y crea esta historia sobre el Pleistoceno, que se transforma en un libro álbum sin palabras”.
El panorama local de estos libros
En Chile se está empezando a ver un muy buen trabajo de ilustradores e ilustradoras en el ámbito de los álbumes sin palabras, dice Carolina Ojeda. La mediadora destaca La playa, de Sol Undurraga, “un libro de gran formato que hace un recorrido por una playa, llena de personas diversas, de situaciones graciosas, de personajes especiales, sin una palabra”.

Archibaldo y Reinaldo, de Gabriela Germain es otra de sus menciones. En este caso se aborda, a través de una ilustración casi monocroma, todo el universo de la salud mental. Una tercera sugerencia habla del trabajo de Magdalena Armstrong que, hace ya varios años, creó Trapo y Rata y ¿Quién fue? con una propuesta muy interesante también.

Un valioso aporte
Los libros silentes –así como los álbumes con texto– son relativamente desconocidos en Chile. “Al tener poco o nada de texto, los padres y madres los menosprecian en las librerías y bibliotecas. Creen que, al no tener palabras, no ‘aportarán’ al aprendizaje de la lectoescritura de sus hijos e hijas. La lectura de imágenes no se considera como un aprendizaje necesario o ´útil’ y eso es bien preocupante. Ser capaces de leer una historia a través de las ilustraciones genera conexiones cerebrales que difícilmente se obtienen a través de otras actividades. Esas conexiones son las que permitirán el desarrollo de la creatividad, de la imaginación, de la construcción de una estructura narrativa que, a la larga, profundizará la comprensión lectora de niños y niñas. Para las infancias que no han adquirido aún las habilidades de la lectura y decodificación, leer historias a través de las ilustraciones provee de un bagaje literario que facilitará el aprendizaje posterior”, comenta Carolina Ojeda.

Es literatura
Por último, algo muy importante: no se debe olvidar que los libros silentes son literatura. Cuando se habla de narraciones, de ficciones, de historias, independiente de su soporte y de sus estructuras, hablamos de esta disciplina. “La literatura nos permite conocer y reconocer a un otro, situarnos en un espacio otro y en un tiempo otro. Los buenos álbumes, los buenos libros silentes, nos entregan esa posibilidad a través de ilustraciones que se van concatenando para crear esa ficción, para sumergirnos en ese espacio que no requiere de palabras, pero que crea un mundo complejo en el que nosotros –lectores y lectoras– estamos llamados a ser activos, a descubrir lo que nos ofrece cada forma, cada trazo, cada espacio en blanco y cada color que inunda la página”, resume la mediadora y especialista de Fundación La Fuente.
¿Te interesó este tipo de libros? Tenemos tres sugerencias más para disfrutar la literatura sin palabras:
Kintsugi (Libros del Zorro Rojo). De Issa Watanabe, fue elegido como el mejor libro de ficción Premio BolognaRaggazi 2024. Cuenta la historia de un conejo y habla de la pérdida, la caída y la cura a través del viaje iniciático, la aceptación de la propia fragilidad. La misma autora creó Migrantes, otra obra silente ganadora del Premi Llibreter del Gremio de Libreros de Cataluña.

The Red Book (Libros del Zorro Rojo). De Barbara Lehma, es una edición de 2004, y tan silente que no tiene título en la tapa. Es la historia de una niña que encuentra un libro abandonado en la nieve. Lejos, un niño encuentra un mismo libro rojo, pero en una playa. A través de sus páginas se aborda el tema de las ansias por el viaje y la aventura, por todo aquello que nos espera en tierras distantes y desconocidas.

El bosque dentro de mí (Fondo de Cultura Económica). De Adolfo Serra, este libro que tiene ilustraciones con una paleta reducida de colores, narra la historia de un niño que descubre en el reflejo del agua algo más que su rostro, entonces, inicia un viaje a través del bosque, el que se viste de sus sueños y miedos. Lo acompaña un enigmático personaje que le va mostrando el camino hasta llegar a la ciudad.

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